Toque arabesco

Cuando creamos este atuendo, un mono de novia, nos dejamos llevar por ese aire oriental inspirado en Las mil y una noches. Lleva pasamanería dorada y un drapeado en el pecho con una estructura muy “arabesca” con piezas nacaradas y tonalidades doradas.

El gorro de aire oriental recuerda al de una azafata, pero combina muy bien con el resto, así como los zapatos de tacón blancos, que bien habrían podido ser unas sandalias doradas.

Y ahora que estamos en pleno veranito y tenemos más tiempo para relajarnos, qué mejor que otorgarse el placer de la lectura… Ya hemos mencionado que el atuendo se inspiraba en Las mil y una noches!, así que aquí os dejamos este fragmento para que lo disfrutéis.

[…y me perfumé; después elegí el más hermoso de mis diez trajes nuevos, me adorné con mi hermoso collar de perlas, mis brazaletes, mis ajorcas y todas mis joyas, y me puse un gran velo azul de seda y oro, el cinturón de brocado y el velillo para la cara, luego de prolongarme los ojos con kohl. Y he aquí que volvió la vieja y me dijo: “¡Oh señora mía! ya está la casa llena de damas, parientes del esposo, que son las más linajudas de la ciudad. Les avisé de tu segura llegada, se alegraron mucho, y te esperan con impaciencia”. Llevé conmigo algunas de mis esclavas, y salimos todas, andando hasta llegar a una calle ancha y bien regada, en la que soplaba fresca brisa. Y vimos un gran pórtico de mármol con una cúpula monumental de mármol y sostenida por arcadas. Y desde aquel pórtico vimos el interior de un palacio tan alto, que parecía tocar las nubes. Penetramos, y llegados a la puerta, la vieja llamó y nos abrieron. Y a la entrada encontramos un corredor revestido de tapices y colgantes. Colgaban del artesonado lámparas de colores encendidas, y en las paredes había candelabros encendidos también y objetos de oro y plata, joyas y armas de metales preciosos.
Atravesamos este corredor, y llegamos a una sala tan maravillosa, que sería inútil describirla.
En medio de la sala, que estaba tapizada con sedas, aparecía un lecho de mármol incrustado de perlas y cubierto con un mosquitero de raso.
Entonces vimos salir del lecho una joven, tan bella como la luna. Y me dijo: “¡Marhaba! ¡Àhlan! ¡Ua sahlan! ¡Oh hermana mía, nos haces el mayor honor humano! ¡Anastina! ¡Eres nuestro dulce consuelo, nuestro orgullo!”
Y para honrarme, recitó estos versos del poeta:
¡Si las piedras de la casa hubiesen sabido la visita del huésped tan encantador, se habrían alegrado en extremo, inclinándose ante la huella de tus pasos para anunciarse la buena nueva!
¡Y exclamarían en su lengua: “¡Ahlan! ¡Ua sahlan! ¡Honor a las personas adornadas de grandeza y de generosidad!”
Luego se sentó, y me dijo: “¡Oh hermana mía! He de anunciarte que tengo un hermano que te vió cierto día en una boda. Y este joven es muy gentil y mucho más hermoso que yo. Y desde aquella noche te ama con todos los impulsos de un corazón enamorado y ardiente.
Y él es quien ha dado dinero a la vieja para que fuese a tu casa y te trajese aquí con el pretexto que ha inventado. Y ha hecho todo esto para encontrarte en mi casa, pues mi hermano no tiene otro deseo que casarse contigo este año bendecido por Alah y por su Enviado. Y no debe avergonzarse de estas cosas, porque son licitas”.
Cuando oí tales palabras, y me vi conocida y estimada en aquella mansión, le dije a la joven: “Escucho y obedezco”. Entonces, mostrando una gran alegría, dio varias palmadas. Y a esta señal, se abrió una puerta y entró un joven como la luna, según dijo el poeta:
¡Ha llegado a tal grado de hermosura, que se ha convertido en obra verdaderamente digna del Creador! ¡Una joya que es realmente la gloria del orfebre que hubo de cincelarla!
¡Ha llegado a la misma perfección de la belleza! ¡No te asombres si enloquece de amor a todos los humanos!
¡Su hermosura resplandece a la vista, por estar inscrita en sus facciones! ¡Juro que no hay nadie más bello que él!
Al verle, se predispuso mi corazón en favor suyo. Entonces el joven avanzó y fue a sentarse junto a su hermana, y en seguida entró el kadí con cuatro testigos, que saludaron y se sentaron. Después el kadí escribió mi contrato de matrimonio con aquel joven, los testigos estamparon sus sellos y se fueron todos.
Entonces el joven se me acercó, y me dijo: “¡Sea nuestra noche bendita!” Y luego añadió: “¡Oh señora mía! quisiera imponerte una condición”. Yo le contesté: “Habla, dueño mío. ¿Qué condición es esa?” Entonces se incorporó, trajo el Libro Sagrado, y me dijo:; “Vas a jurar por el Corán que nunca elegirás a otro más que a mí, ni sentirás inclinación hacia otro”. Y yo juré observar la condición aquella.
Al oírme mostróse muy contento, me echó al cuello los brazos, y sentí que su amor me penetraba en las entrañas y hasta el fondo de mi corazón…]

Texto extraído por un anónimo de Las mil y una noches. Wikisource

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12 respuestas a “Toque arabesco

  1. Mlu, Lola le fleur, Inma, veo que como nosotras no estáis de vacaciones!!
    Pues yo tampoco me casaría con un mono así, pero era para una performance simulando un evento, boda con aires orientales y nos pidieron colaboración y… como nos íbamos a negar.
    Merci à trois!!

    Kisses!

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  2. Mlu, Lola le fleur, Inma, veo que como nosotras no estáis de vacaciones!!
    Pues yo tampoco me casaría con un mono así, pero era para una performance simulando un evento, boda con aires orientales y nos pidieron colaboración y… como nos íbamos a negar.
    Merci à trois!!

    Kisses!

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